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Se acelera el traspaso a precios de la devaluación


1 junio, 2019

Martín Redrado
Director de Fundación Capital

La inercia inflacionaria parece cada vez más difícil de quebrar, en un marco de una mayor indexación, volatilidad cambiaria y un traspaso de la devaluación a precios que se acelera. En este marco, la inflación finalizará el 2019 con un piso del 40,7% i.a., dependiendo de la evolución del dólar.
Los últimos datos oficiales indican que en el tercer mes del año los precios al consumidor verificaron un alza del 4,7%, mensual. Así, la inflación ya acumula un incremento en el primer trimestre del año de casi el 12% y evidencia un alza interanual cercana al 55%, el valor más alto de la serie. En tanto, en la inflación núcleo destaca la suba de alimentos (6% en marzo). Esto se explica por un mayor impacto del deslizamiento del tipo de cambio y un importante incremento en la carne. En tanto, los precios estacionales treparon 4,7% mensual impulsados por las subas en educación (+17,9% mensual) y prendas de vestir y calzado (+6,6% mensual), producto del cambio de temporada. Por su parte, los regulados también avanzaron fuerte (4,9% en el tercer mes del año), producto de los aumentos de naftas (3%), trenes (8%), colectivos (10%) y abonos de telefonía celular.
Debe destacarse el impacto de la volatilidad cambiaria en el segmento mayorista. En marzo, el índice volvió a señalar una suba del 4,1% mensual, en línea con el incremento del tipo de cambio (7,8% promedio marzo vs febrero). A su vez, el nuevo salto del dólar de abril (+4,8%) continuará impactando en los siguientes meses en los precios mayoristas y minoristas por efectos de segunda ronda. Es decir, el traslado del incremento en los costos a los precios finales. Así, los efectos indirectos de las subas de tarifas y los nuevos aumentos de regulados –gas, combustibles, subtes, peaje, agua- dejan un piso para la inflación del 3,9% para abril y del 3% para mayo.
Inflación y aporte de los precios regulados

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En este marco, el gobierno anunció un paquete de medidas de impacto limitado. Al igual que en 2017, se apuesta por el congelamiento de tarifas y un acuerdo de precios de productos esenciales. Vale recordar que en dicho año, la inflación bajó desde el 2,2% promedio mensual en el primer cuatrimestre del 2017 hasta el 1,5% promedio mensual entre mayo y noviembre, en un contexto de calma cambiaria. Luego de las elecciones, se concretaron los aumentos postergados, anotando el registro de inflación mensual más alto de ese año (3,1% en diciembre de 2017). En efecto, la inflación nunca retornó a los registros previos, demostrando que el congelamiento de las tarifas fue sólo un alivio transitorio.
En definitiva, la volatilidad cambiaria, característica de años electorales, será la clave en la dinámica de los precios de este año. Los movimientos de la divisa no sólo repercuten por el aumento en los costos de las empresas, sino también por los efectos en productos claves, como combustibles.
Así, sólo suponiendo un escenario de cierta estabilidad cambiaria, la inflación podría quebrar la barrera del 3% mensual en junio. En efecto, hacia el segundo semestre, el congelamiento de tarifas moderará los registros del nivel general de precios, aunque la inflación núcleo permanecerá por encima del 2% mensual. En definitiva, la inflación anual ya tiene un piso de 40% y la dinámica cambiaria determinará el guarismo final.
De esta forma, el próximo gobierno debe plantearse un programa de estabilización que contemple un enfoque integral para solucionar el problema de la inflación. El elemento principal debe ser la convergencia de todas las variables macroeconómicas hacia una menor nominalidad. Es decir, para dar una orientación certera a la política inflacionaria, el gasto público nacional y provincial, la emisión monetaria y la política salarial, deben aumentar en forma decreciente y simultánea. Esto permitirá generar un horizonte en la toma de decisiones del sector privado, que hoy no está presente.