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Comenzó la incertidumbre cambiaria


1 abril, 2019

Martín Redrado
Director de Fundación Capital

La coyuntura económica marca el tiempo de la volatilidad cambiaria. Frente a este desafío, el gobierno debe brindar certidumbre sobre la oferta de divisas que la Argentina tendrá en el próximo trimestre.

Más aún, no estamos en presencia de un programa que movilice el consumo o la inversión. Por segundo año consecutivo, la actividad económica volverá a caer, con el consumo privado (-2,4% i.a.) y la inversión (-8,1% i.a.) como los principales factores que expliquen la baja. Sólo las exportaciones pueden traer algo de alivio en regiones selectivas del país.

En este contexto, prima una economía heterogénea donde a algunos sectores les va bien, pero otros enfrentan fuertes desafíos. Los sectores que presentarán un mejor dinamismo están relacionados con la energía; el agro y los sectores conexos, las tecnologías de la información y telecomunicaciones y minería. Así, regiones como Neuquén o la zona núcleo agrícola tienen buenas perspectivas, mientras el conurbano bonaerense, con la industria en franco descenso, continuará rezagado.

En paralelo, la inflación no se desacelera. En los primeros meses del año los registros se ubican entre 3% y 4%, donde los efectos de segunda ronda de la devaluación y las tarifas se extienden durante varios meses. De este modo, se vislumbra que quebrar la inercia inflacionaria presenta dificultades, aun en un contexto de recesión económica.

En este marco de menor actividad e inflación que no cede, la tendencia nacional que existe en los años electorales a convertir las tenencias en pesos a moneda dura presenta un alerta. La conducta local demuestra que en los meses previos a los comicios generales o aun los de mitad de término, este fenómeno se acrecienta.

Este año las cosas no parecen ser diferentes y la suba del dólar de $2,66 hace sólo unos días fue una muestra de la mayor volatilidad presente. Si se tiene en cuenta que la política monetaria ha generado un aumento de los plazos fijos en unos $300.000 millones en los últimos cinco meses, ya se avizora el germen propicio para iniciar este proceso. A esto hay que sumarle los plazos fijos ya existentes, con un total que asciende a $1.100.000 millones, que están colocados en su mayoría a menos de 59 días. Más aún, para determinar la demanda potencial de divisas, deben sumarse también las colocaciones a la vista del sector privado, que alcanzan los $1.000.000 millones. Esto pone de relieve que existen más de dos billones de pesos que actúan como una suerte de materia prima lista para transformarse en un proceso dolarizador. De acuerdo con mi experiencia, la conducta funciona de esta manera: los depósitos a plazo fijo a su vencimiento pasan a la vista, y luego, esperan el momento adecuado para comprar moneda extranjera. Así, las autoridades económicas y los ciudadanos debemos prepararnos para un período de alta volatilidad.

Si se enfrentan meses con una formación de activos externos superior a los u$s 3.500 millones mensuales, será difícil de sostener cierta estabilidad en el tipo de cambio. Dentro de la oferta potencial de divisas debe contarse la liquidación de la cosecha que en el equipo de Fundación Capital estimamos en unos u$s 5.000 millones más que la del año anterior. Con una salvedad, a comienzos de esta gestión el gobierno eliminó los plazos para la liquidación de exportaciones.

De esta forma, dadas las limitaciones acordadas con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central no tiene instrumentos para capear una situación de esta envergadura, sólo cuenta  en la práctica con la tasa de interés como la principal herramienta. Deberán descansar entonces en la utilización que el Ministerio de Hacienda le brinde al desembolso de u$s 10.800 millones previstos para este mes. Si todos los vencimientos del año en pesos se pagaran con los dólares del organismo multilateral, la oferta potencial de divisas ascendería a unos u$s 11.500 millones y, particularmente, unos u$s 7.900 millones en el primer semestre. Dependerá entonces de la pericia táctica y operativa de las autoridades para ofertar las divisas en tiempo y forma adecuada de manera tal que eviten sobresaltos en la cotización de la moneda.

Nuestro país necesita superar los programas de emergencia que apenas pueden pagar nuestras deudas y aspirar a una cierta tranquilidad cambiaria. Argentina está para más: necesita un plan de convergencia para estabilizar las variables macroeconómicas, junto a un programa de crecimiento que modernice nuestras estructuras productivas para ponerlas a tono con el siglo XXI.